Seguros multirriesgo: comercios y RC General
Qué cubre un multirriesgo de comercio u oficina y las diferencias clave en RC General, robo, hurto y valor de reposición.
Son dos extensiones habituales de la RC General, pensadas para situaciones distintas de accidente laboral. La RC Patronal cubre los daños que sufre un empleado directo de tu propia plantilla por un accidente laboral. La RC Cruzada cubre los daños sufridos entre empleados de distintas subcontratas o contratistas que trabajan juntos en una misma obra o instalación.
Ambas cubren daños causados después de que tu empresa haya terminado su intervención, pero sobre objetos distintos. La RC de Productos cubre los daños causados por un objeto físico o bien tangible defectuoso que has fabricado o vendido, tras su entrega. La RC Post-Trabajos cubre los daños provocados por un defecto en el servicio manual, la instalación o la mano de obra realizada, una vez terminada la obra.
Es una póliza multirriesgo que protege el patrimonio de tu negocio frente a imprevistos. Aunque pueden concurrir otras adicionales, suele abarcar tres coberturas esenciales: daños materiales, que cubren el local y su interior —mobiliario, ordenadores, stock— ante incendios, inundaciones, robos o rotura de escaparates; responsabilidad civil, que cubre las indemnizaciones y la defensa legal si causas daños a terceros, por ejemplo si un cliente resbala en tu local o causas una gotera al vecino; y pérdida de beneficios, también llamada "parada de actividad", que compensa económicamente si te ves obligado a cerrar temporalmente el negocio por un siniestro, ayudándote a cubrir costes fijos como el alquiler.
La diferencia radica exclusivamente en el método y la violencia empleados para cometer el delito. El robo es la sustracción ilegítima utilizando fuerza en las cosas —romper un escaparate, forzar la cerradura o hacer un boquete—. El hurto es la sustracción ilegítima sin fuerza, sin violencia y sin intimidación: ocurre por descuido, por ejemplo un cliente que se guarda un artículo del mostrador mientras el dependiente atiende a otro. Muchas pólizas limitan o excluyen el hurto. La expoliación —o atraco— es la sustracción ilegítima utilizando violencia, fuerza o intimidación sobre las personas, por ejemplo amenazar al dependiente a punta de navaja para vaciar la caja registradora. Conviene revisar el condicionado, porque no todas las pólizas cubren las tres modalidades por igual.
Es el criterio que utiliza el seguro para calcular cuánto dinero te paga al reponer un bien dañado. El valor de reposición —a nuevo— es el precio de comprar el mismo objeto completamente nuevo hoy en día, con las mismas características, sin aplicar ningún descuento por los años que tuviera el objeto destruido. El valor real es el valor del objeto nuevo menos la depreciación por uso, edad y desgaste: es lo que valía el objeto justo antes del siniestro, calculado mediante una tabla de depreciación por antigüedad, uso y estado de conservación. La diferencia entre uno y otro puede ser considerable, así que conviene saber cuál aplica tu póliza antes de necesitarlo.
El Consorcio de Compensación de Seguros (CCS) es una entidad pública empresarial española que funciona como un "paracaídas" para el sector asegurador. Su función principal es indemnizar los daños causados por riesgos extraordinarios —grandes catástrofes naturales, terrorismo o tumultos populares— que las aseguradoras privadas no cubren en sus pólizas habituales.
Para que el Consorcio intervenga, es requisito obligatorio que el afectado tenga contratado un seguro privado en vigor para ese bien y esté al corriente de pago. Esto se debe a que un pequeño porcentaje del precio de tu seguro —un recargo— se destina directamente a financiar este organismo.
Los bienes consorciables son aquellos protegidos por el Consorcio ante catástrofes, siempre que tengan un seguro privado previo: inmuebles y su contenido, vehículos, personas —mediante seguros de vida o accidentes— y pérdidas del negocio.
Es una cobertura que compensa el impacto económico de no poder operar con normalidad tras un siniestro —por ejemplo, un incendio que obliga a cerrar el local—. Protege el beneficio bruto que se deja de obtener, o en su caso, los gastos permanentes que la empresa sigue soportando aunque no haya actividad, según lo pactado en la póliza.
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