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Lo básico: cómo funciona un seguro


Prima, franquicia, condicionado y exclusiones: los conceptos que conviene entender antes de contratar una póliza.

Un seguro es un acuerdo por el que tu empresa traslada un riesgo valorable económicamente a una aseguradora. A cambio de un pago periódico —la prima—, la aseguradora asume el coste de determinadas situaciones, siempre dentro de lo que recoge la póliza. El seguro no elimina el riesgo: lo transfiere y lo hace manejable.

Es lo que paga tu empresa por tener la póliza de seguro en vigor, ya sea de una vez al año o de forma fraccionada. Se calcula a partir de variables que tratan de medir el riesgo: tipo de actividad, facturación, plantilla, sector, siniestralidad previa y las coberturas concretas que elijas, entre otros factores.

Es la parte cuantificada del coste de un siniestro que asume tu empresa antes de que la aseguradora lo cubra (a partir de la franquicia pagará la cuantía del siniestro). Puede ser una cantidad fija, un porcentaje o un número de días, según el producto. Una franquicia más alta suele traducirse en una prima más baja, y al revés: es una forma de repartir el riesgo entre tu empresa y la aseguradora, no un coste oculto. Además, la franquicia elimina los siniestros muy pequeños que quedan por debajo de ella, que suelen ser poco asimilables en términos de coste por la carga burocrática que suponen.

El tomador es quien firma la póliza y paga la prima —normalmente la empresa que contrata el seguro—. El asegurado es la persona o el bien sobre el que recae la cobertura, que puede coincidir con el tomador o no. El beneficiario es quien recibe la indemnización si ocurre el siniestro. En muchos seguros de empresa, tomador y asegurado son la misma entidad; en otros, como un seguro de vida, accidentes o salud, suelen ser distintos.

Es el documento contractual que recoge, con detalle, qué cubre tu seguro, qué excluye, qué límites tiene y en qué condiciones responde la aseguradora. Se divide habitualmente en condiciones generales —comunes a todos los clientes de ese producto— y condiciones particulares, que reflejan lo específico de tu contrato: tu actividad, tus capitales, tus franquicias. Ante cualquier duda sobre qué cubre realmente tu póliza, el condicionado es el documento de referencia, no el folleto comercial.

Es una situación que la póliza deja expresamente fuera de cobertura del seguro. Todas las pólizas tienen exclusiones: no significa que el seguro esté mal contratado, significa que ese riesgo concreto no forma parte de lo que se está transfiriendo a la aseguradora. Conviene conocerlas antes de contratar el seguro.

El capital asegurado aparece en los seguros de daños materiales: multirriesgo de comercio o de oficina, afectando al continente, contenido, existencias, maquinaria. Son seguros donde proteges bienes concretos que tienen un valor propio y cuantificable. El límite de indemnización aparece en los seguros de responsabilidad civil: RC General, RC Profesional, D&O, Ciberriesgo. Son seguros donde no hay un bien tuyo que proteger, sino una exposición frente a reclamaciones de terceros.

Es el valor que se declara para cada bien que se incluye en el seguro: lo que vale tu local, tus existencias, tu maquinaria. Ese valor es la base sobre la que se calcula la prima, y también lo máximo que la aseguradora pagará si el bien se daña o se pierde. Por eso debe ajustarse al valor real del bien: si lo infravaloras para pagar menos prima, la aseguradora puede aplicar la regla proporcional en caso de siniestro y pagarte solo una parte del daño, aunque el siniestro esté cubierto.

Es el tope máximo que se pacta en la póliza. Hasta llegar a esa cifra, la aseguradora pagará por las reclamaciones admitidas que hagan los terceros (clientes, empleados, un proveedor...).

Dentro del límite general de una póliza, algunas coberturas concretas pueden tener un tope propio, más bajo — por ejemplo, los costes de notificar a los clientes afectados tras una brecha de datos, los honorarios de un perito en un siniestro de daños, o los daños por filtraciones de agua en un multirriesgo, donde es habitual que la póliza fije un sublímite específico bastante inferior al capital asegurado del continente. Ese sublímite forma parte del límite general, no se suma a él: si se agota, no queda cobertura adicional para esa garantía concreta, aunque el límite general de la póliza no se haya consumido del todo.

No. Algunas actividades, convenios colectivos o contratos con terceros exigen determinados seguros o capitales mínimos; otros son voluntarios, aunque puedan ser recomendables según el riesgo real de tu actividad. Conviene revisarlo caso por caso, porque las obligaciones cambian según la actividad, el convenio aplicable y la comunidad autónoma.

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Cuanto más específico sea tu caso, más importante es revisarlo con nuestro equipo antes de tomar una decisión.

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